La experiencia política estuvo siempre ligada a dos concepciones centrales: trabajar solo dentro de gobiernos democráticamente elegidos y, desde el Justicialismo, la búsqueda de la renovación y adecuación a los tiempos de éste partido. Renovación que se trató se diera en el marco de búsqueda de consensos básicos, y de dialogo entre los grandes partidos nacionales detrás de objetivos de justicia social, desarrollo económico, y afirmación nacional dentro de un marco de integración a la región y al mundo.
En enero del 2007, luego de varios meses de análisis y reflexión, tomo la difícil decesión de ser candidato a la Presidencia de la Nación. Su razón fue clara: desde el año 2006 el país entro en un periodo de debilitamiento institucional; de una política exterior negativa para los intereses del país y de una política económica y social de visión cortoplacista que había comenzado a agotar los amplios márgenes de acción que con enorme esfuerzo de la sociedad se habían construido desde la gran crisis de finales del 2001 e inicios del 2002.
Con decisión y realismo se pretendió influir en la vida nacional explicando los errores que se habían empezado a cometer y a formular medidas concretas, precisas de cómo retomar el rumbo que se había perdido. La re-federalización del país, el re-equilibrio
de poderes, la lucha contra la pobreza, y una nueva política exterior, fueron parte esencial de los lineamientos del programa que se persiguió en el 2007 y que tres años después, 2010, esta aun vigente, si bien en condiciones de deterioro mayor acumuladas desde el 2007 a la fecha.
Esa misma decisión de influir, ayudando a diagnosticar, a formular propuestas alternativas concretas, a difundir ideas nuevas, a recuperar los compromisos básicos de los grandes partidos nacionales como la justicia social y el valor de las instituciones democráticas, esta presente en su accionar en la actualidad.